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El reencuentro: ¡Bendito momento mágico! PDF Imprimir E-mail
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Lunes, 27 de Diciembre de 2010 11:47

JESSICA MARIDUEÑA

Por JÉSSICA MARIDUEÑA GUERRERO

Periodista, miembro de la asociación Comunicadores por la Integración y la Cooperación (CIC) 

Hasta ayer dudaba sobre qué escribir. Busqué, escribí, borré y vuelta a empezar. Todo me parecía monótono. La musa de la creatividad ha estado descortés esta semana conmigo, pensaba, hasta que de repente llegó y me calló la boca. Aeropuerto: Inmigrantes. Reencuentro. ¡¡¡Great!!!!

Lo encontré. ¡Ahhh…! ‘pero esto también es monótono Jéssica’, me decía cuando afiné mis sentidos y dejé al pelo mi receptividad. La sala de arribo del aeropuerto José Joaquín de Olmedo de mi hermosa Guayaquil huele a puro sentimiento. Los cables se cruzan. Sonrisas, tristezas, remembranzas, esperanzas. Cortocicuito. El cuerpo no aguanta.

Esperar a mi suegra desde las 06:25 hasta las 08:30 da para mucho. Por un lapso de tiempo dejé a mis familiares la tarea de estar atentos a su llegada. El vuelo aterrizó y el proceso de desaduanización estaba en marcha. Decidí entonces abandonar mi estado de impaciencia. También cesé el trabajo de mis papilas gustativas que saboreaban al vacío el tocino ibérico, el jamón, las aceitunas con anchoas y el Ribera del Duero que llegaría junto a Paca. Ay muchachas, si solo han pasado siete meses desde que dejamos España. No es pa´tanto, aseveré, pero las dejé en lo suyo y me teletransporté en los recuerdos.

¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no contar esa sensación tan maravillosa que recorría mi cuerpo?. Aunque parezca a estas alturas agua bendita, me apetece revivir la escena que fue mía también. El panorama alimentó mi viaje al pasado.

El arcoiris de pancartas hacían el marco de esta escena que se alternaba en pasado y presente. 'Bienvenido Alfredo, Gloria Altamirano, Wiliam Vélez, Carla Argudo, Manuel Bernal…' y la lista seguía sin parar. Cientos de personas compartiendo una espera que, a veces se alarga en el tiempo y encuentra en la desesperación y en el silencio a los mejores aliados. Aunque con algo de humor negro, mi padre tiene razón: 'Al aeropuerto va el perro y el gato'. En Ecuador, por cada familiar que llega, acuden en promedio entre seis o diez personas. Incluso más. ¿Folclor o exceso de amor? Da igual, al bien llegado le sobran abrazos y besos en su añorada Pachamama.

'Bienvenidos a Guayaquil, temperatura…arribaron los pasajeros del vuelo 7303' se escuchaba de fondo. En medio del ajetreo de los que esperan y los que llegan, me pierdo con los ojos abiertos. Mi mirada en el infinito se encuentra con un episodio de mi vida que se remonta al 2001. Aún sin verlos, lloraba por momentos aguardando la hora cero.

Tres años sin ver a mi prole y todo se me hacía eterno. Eterno el viaje, eterna la salida, la puerta, el encuentro con mi familia, eterno el abrazo, eterno el deseo de estar…

Listo, paso controles, cojo maletas y cuando se abren las puertas sorteo los rostros. Allí están. En el mejor puesto de la línea de espera me sonríen, ya casi no quedan fronteras. La palabra 'juntos' parece más cerca. No hay más. Nos fundimos en uno. Acariciaba al detalle a cada uno de los míos, me parecían de mentira, ellos me exploraban en silencio y con palabras, yo hacía lo mío. Emoción inconmensurable.

'Lo que menos uno quiere en esta espera es hablar', refiere junto a mí una señora que aguarda a su hija emocionada. La escucho de lejos en mi estado de modorra. 'No sé en qué momento dejé de hablar; es que hace cinco años que no la veo', replica, mientras yo apruebo. Nada los distrae. Ni siquiera las bellezas marinas que se proyectan en las pantallas planas que rodean el área. El encuentro ocupa todos sus sentidos. Están dopados de cariño.

Es una sensación que se repite en el que viaja y el que aguarda. Los pasajeros salen cual goteo. La puerta se abre y los latidos se intensifican, los ojos brillan, la ilusión se agiganta. Las piezas del puzzle se ordenan. La familia rota se recompone. Juntos una vez más. Mientras reflexiono las miradas, una madre me saca de mi letargo con varios aplausos. Su particular barra: 'ya viene mi hijo, ya viene, ya viene mi amor'. Ella y él se encuentran en el llanto. Desbordan amor, otra vez rompo en llanto. Su alegría es la mía ¡Bendito momento mágico!

 


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