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| Se va el 'vale' y entra el 'chévere'... |
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| Miércoles, 16 de Febrero de 2011 23:54 |
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Por JÉSSICA MARIDUEÑA GUERRERO Periodista, miembro de la asociación Comunicadores por la Integración y la Cooperación (CIC) ¿Cómo se siente un inmigrante retornado?. La respuesta hasta hace poco la encontraba sencilla. ¡Bien! ¡Genial!, decía yo. Junto a los tuyos, abrazada a tus raíces, con el río Guayas que difumina los problemas y te sonríe y en un entorno, al que perteneciste la mayor parte de tu vida, difícilmente se podría estar de una forma distinta. Durante mucho tiempo leí sobre ese vacío o confusión que surge cuando regresas: 'Ni de aquí, ni de allá'. No es lejana esa apreciación, también ha sido mía, aunque a estas alturas dejé la teoría y fundamenté más mi posición de ciudadana del mundo, capaz de adaptarse con celeridad y de absorber mundo con la plasticidad de un preescolar. Revertí la frase y le saqué provecho. Para todos aquellos que consideraron de Ripley o leyendas urbanas lo que cuento, hoy me explayo en algunos detalles del proceso, quizás sirva de algo compartir mi experiencia… '¿De dónde eres si en tu tierra te ves como bicho raro? ¿Si en ciertos aspectos te percibes ajeno: no encajas? ¿Y si en tu nación de adopción te hacen falta los tuyos y no eres un ser completo?', reflexionaba mentalmente en diferentes espacios. Te enfrentas a dos realidades diferentes que han sido tuyas en distintas circunstancias. En Ecuador, como en España, hay cosas que asimilo sin problemas, pero reconozco que, en ocasiones, me sigo sintiendo rara, sobre todo cuando mis diferencias son notorias. Mis amigas del curro en Ecuador se pasan durante el recorrido de mi oficina al comedor corrigiéndome mi saludo: airosa y apegada a mi estilo entusiasta saludo a todos, pero pocos asimilan mi 'hasta luego'. 'Hasta luego, hasta luego' Ellas, casi pegadas, me siguen con otra frase: 'Buenas tardes, buenas tardes, buenas tardes' Llenas de buenas intenciones, intentan que interiorice nuevamente las costumbres autóctonas. Quizás su percepción, como la de mucha gente, es que he venido españolizada, que me siento más de allá; pocos entienden que yo soy multicultural y me siento bien con lo que eso representa. Pasa de todo y los giros lingüísticos pueden ser lo más visible, pero hay otros aspectos que descolocan. Mi esposo y yo ventilamos apasionadamente nuestras diferencias –y no hablo precisamente de derroches de amor- y sin resentimientos luego reímos y cruzamos caricias. Eso, más la franqueza de mis comentarios, enervan a mi madre. También olvidé el circuito que recorremos normalmente los ecuatorianos a la hora de dar órdenes o pedir algo. El imperativo no es nuestro desde el primer momento. Eso sin mencionar la firmeza con que he tratado a mis 'vecinas' que intentan colarse ante mi frutero ¿Y la vez? En muchos ámbitos persiste la llamada viveza criolla, pero ojo: no es el denominador común. Me readapto. Todos los días intento aparcar mis modismos españoles y dejar de 'hablar raro'. El 'vale' ocupa menos protagonismo, recibo con gusto al 'okey', 'ya' y 'chévere' cuando quiero afirmar. Pienso en el lío que hubo en la cabeza de mi hijo de cinco años. Sus amiguitos de clase en Ecuador se sobresaltaban constantemente y lo abrumaban por decir 'culo'. 'Ha dicho una mala palabra', decían. Hoy, tras nueve meses, asimiló que no es una grosería y que aquí se dice 'nalga'. El vocablo no ha desaparecido de su diccionario. En casa le es más familiar el término. Ambos nos alineamos en este nuevo proceso. Pero no quiero cambiar ni que cambien todos los códigos que nos dio el mestizaje vivido allá. Somos hijos de la multiculturalidad, ese es mi origen real, su origen también, al que nos acercamos con más fuerza en España y con el que pretendo vivir en este nuevo Ecuador, donde tengo mucho por aprender. OTROS ARTÍCULOS DE JÉSSICA MARIDUEÑA GUERRERO EN REDINMIGRANTE.ES |